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Explique el concepto de sinonimia.
Proponga un sinónimo de ansiosa y otro de anhelo según el significado que ambas palabras tienen en el texto
No quise pensar más en lo que me rodeaba y me metà en la cama. La carta de Ena me habÃa abierto, y esta vez de una manera real, los horizontes de la salvación.
"... Hay un trabajo para ti en el despacho de mi padre, Andrea. Te permitirá vivir independiente y además asistir a las clases de la Universidad. Por el momento vivirás en casa, pero luego podrás escoger a tu gusto tu domicilio, ya no se trata de secuestrarte. Mamá está muy animada preparando tu habitación. Yo no duermo de alegrÃa.”
Era una carta larguÃsima en la que me contaba todas sus preocupaciones y esperanzas. Me decÃa que Jaime también iba a vivir aquel invierno en Madrid. Que habÃa decidido, al fin, terminar la carrera y que luego se casarÃan.
No me podÃa dormir. Encontraba idiota sentir otra vez aquella ansiosa expectación que un año antes, en el pueblo, me hacÃa saltar de la cama cada media hora, temiendo perder el tren de las seis, y no podÃa evitarla. No tenÃa ahora las mismas ilusiones, pero aquella partida me emocionaba como una liberación. El padre de Ena, que habÃa venido a Barcelona por unos dÃas, a la mañana siguiente me vendrÃa a recoger para que le acompañara en su viaje de vuelta a Madrid. HarÃamos el viaje en su automóvil.
Estaba ya vestida cuando el chófer llamó discretamente a la puerta. La casa entera parecÃa silenciosa y dormida bajo la luz grisácea que entraba por los balcones. No me atrevà a asomarme al cuarto de la abuela. No querÃa despertarla.
Bajé las escaleras despacio. SentÃa una viva emoción. Recordaba la terrible esperanza, el anhelo de vida con que las habÃa subido por primera vez. Me marchaba ahora sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la vida en su plenitud, la alegrÃa, el interés profundo, el amor. De la casa de la calle de Aribau no me llevaba nada. Al menos, asà lo creÃa yo entonces.
De pie, al lado del largo automóvil negro, me esperaba el padre de Ena. Me tendió las manos en una bienvenida cordial. Se volvió al chófer para recomendarle no sé qué encargos. Luego me dijo:
- Comeremos en Zaragoza, pero antes tendremos un buen desayuno - se sonrió ampliamente-; le gustará el viaje, Andrea. Ya verá usted...
El aire de la mañana estimulaba. El suelo aparecÃa mojado con el rocÃo de la noche.
Antes de entrar en el auto alcé los ojos hacia la casa donde habÃa vivido un año. Los primeros rayos del sol chocaban contra sus ventanas. Unos momentos después, la calle de Aribau y Barcelona entera quedaban detrás de mÃ.
Carmen Laforet, "Nada"
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